viernes, 18 de abril de 2014

GGM: NOTAS

Su muerte sacudió al mundo y de inmediato comenzaron a llover mensajes con lamentos. Desde seguidores y colegas hasta algunos de los principales líderes políticos del planeta se dolieron por el deceso del mayor exponente del realismo mágico de la literatura, que cambió la manera de ver a Latinoamérica y considerado uno de los grandes escritores del mundo.

El escritor, cuyas novelas y cuentos mostraron las pasiones, supersticiones, violencia e inequidades de nuestra América murió este Jueves Santo. El Consejo Nacional para la Cultura de México informó en un comunicado que el Nobel falleció a las 2:00 de la tarde (1900 GMT) en su casa del sur de la capital mexicana. Ello pese a haber sido dado de alta de una neumonía una semana antes.

Conocido cariñosamente como "Gabo", desde hace más de tres décadas hizo de México su lugar de residencia. "¡Mil años de soledad y tristeza por la muerte del más grande colombiano de todos los tiempos!", escribió el presidente colombiano Juan Manuel Santos mientras anunciaba tres días de duelo nacional por su deceso.

"Para nosotros Gabo no inventó el realismo mágico, sino que fue el mejor exponente de un país que, en sí mismo, es realismo mágico. Un país que combina alegría y dolor, poesía y conflicto, en el que las mariposas amarillas cruzan los senderos... un país donde todo es posible, sobre todo la vida", dijo el mandatario colombiano en mensaje por radio y televisión.

Nacido en Aracataca, villorrio colombiano, el 06.04.1927 fue el mayor de los 11 hijos de Luisa Santiaga Márquez y Gabriel Eligio García. Su fallecimiento también entristece a su aldea natal. La noche del jueves una treintena de personas hacía una pequeña vigilia en la casa donde nació el escritor y que fue transformada hace dos décadas en un museo. Algunas llevaban en el pecho un prendedor en forma de mariposa, color amarillo y con una cinta negra en señal de duelo. 87 velas iluminaban la acera y a las 11 de la noche se guardó un minuto de silencio, roto después con las notas de la marcha fúnebre salidas de la trompeta de Rafael Monterrosa.

La última aparición pública del escritor fue el pasado 6 de marzo, el día que cumplió 87 años. Ese día salió a la puerta de su casa vestido en un traje negro con una camisa azul y una flor amarilla en la solapa y escuchó "Las Mañanitas". Sus obras excéntricas y melancólicas, entre ellas "Crónica de una muerte anunciada", "El amor en los tiempos del cólera" y "El otoño del patriarca" superan en ventas a cualquier otro libro publicado en español, con excepción de la Biblia.

"Cien años de soledad" (1967), la obra sobre Macondo que lo encumbró en la literatura mundial, ha vendido más de 50 millones de ejemplares y se ha traducido a más de 40 idiomas y marcó el comienzo de dos décadas de boom de la literatura latinoamericana. En 2007, la Real Academia Española publicó una edición conmemorativa con un tiraje inicial de 500.000 ejemplares. Antes de esto, el único libro con una edición especial de la RAE era "Don Quijote".

"Nunca imaginé que iba a tener un desenlace tan inmediato... me ha golpeado mucho", dijo a la AP el escritor colombiano Plinio Apuleyo Mendoza, quien lo conoció hace 67 años en un café en Bogotá y estuvo en su premiación al Nobel en 1982."Debo tener más de 100 cartas de Gabo cuando todavía no era famoso y me contaba sus amores... o estaba sufriendo", recordó. Dijo que en su momento se anunciará un homenaje al escritor, uno "de acuerdo al tamaño del personaje".


DE CHIAPAS A ARAUCO


Eso de los “pueblos originarios” permite el surgimiento de un curioso "racismo de izquierda". Siempre se identifica ese “ismo” con lo hitleriano. Sin embargo, lo ponen en práctica -sin publicidad- los eurocoloniajes en Asia, Africa y el Nuevo Mundo. Recuérdese la consigna yanqui: “el único indio bueno es el indio muerto” y el  aparheid en la patria de Mandela. Las clases pudientes de cada república de nuestra América hicieron racismo solapado: fomentan la endogamia –“cada oveja con su pareja”- e impulsan la euroinmigración para blanquearse y, si fuese posible, “enrubiarse”. Mientras tanto se arrincona a cumas, patipelados, picantes, guachafos, pelaos, grasas, cabecitas negras, cholos, es decir, a millones -no menos del 90% de la población- juzgados ordinarios, fétidos, feos y piojentos. Aun más, mediante sutiles mecanismos  internalizan a esa multitud un feroz complejo de inferioridad por su talla, estatura, rasgos faciales, color del pelo. Esta tragedia alcanza el clímax cuando  palogruesos, futres, oligarcas, pisaverdes, pijes, paltones... convencen a esos "condenados de la Tierra" que "la raza es la mala" y, de yapa, se enseña en aula a escupir sobre los conquistadores por “codiciosos y crueles" y sobre los erróneamente denominados “indios” por "flojos y salvajes". El tétrico paisaje se sella estimando la expresión "mestizo" insólita y, poco menos, que injuriosa.


Ahora bien, no más del 5% de la población de Latinoamérica es amerindia. El resto somos mestizos. Por cierto que hay mestizos recientes, intermedios y consolidados, pero -como expresa Rubén Blades- todos somos "hijos de la mezcla". Incluso inmigrantes reciente -sobretodo árabes, italianos y, por cierto, españoles- proclives al mestizaje se incorporan a la gigantesca retorta y efectúan la contribución sanguínea y cultural a la nuestramericanidad. Hay -desde la raíz hace medio milenio- una vocación de mixtura que consolida las tres hebras fundacionales -aborigen, ibérica y africana- y, al mismo tiempo, enriquece el conjunto acentuando su caleidoscópica fisonomía sin que se estrague la identidad. No obstante, hay toda una acción interna y externa destinada a exaltar a esa minoría con el marbete de "pueblos originarios". Así, a la mitomaníaca inflación cuantitativa, se une otra cualitativa. Si el 5% se proclama el único raigal se deduce que el resto sería alóctono, es decir, extranjero. Eso constituye una maniobra publicitaria, pues si de nativísmo se trata habría que pensar sólo en cazadores siberianos, en canoeros polinesios o en ignotos australásicos.


Lo cierto es que nuestro "mundo ancho y ajeno" -extendido de la Tierra del Fuego a México- se funda en 1492. En aquel año comienza no el Descubrimiento como manifiestan los nostálgicos del Virreinato y tampoco el Encuentro de 2 Culturas como se dijo a propósito del V Centenario, sino la Fusión de 3 Mundos. Ello porque no se debe olvidar el componente afronegroide. Desde otro ángulo, a diferencia de EEUU que es  "mosaico" –“juntos, pero no revueltos”- nuestra América es "crisol". En virtud de lo anotado hay que desenmascarar el racismo de babor sostenido por los declinantes grupos marxistas, por ONGs que se nutren de dinero exótico y por Europa que apetece “pasteurizarse” de su culpa colonial creándonos problemas raciales. Incluso en Caracas han influido y Chávez suprime la Fiesta de la Raza, consagra el 11 de octubre como Día de la Resistencia Indígena y el Municipio de Lima retira el monumento de Francisco Pizarro. Con ello se imita a México que, insensatamente, se jacta de no poseer ninguna estatua de Hernán Cortés. Ese 5% y sus animadores in situ -todos mestizos y "blancones" como el mismo Marcos cuyos ojos glaucos emboban a los eurocéntricos-reiteran, por ejemplo, que Yucatán alberga a la “nación” maya y en Chile la VIII y IX Regiones sería el hábitat de la "nación" mapuche.

Los marxistas –ayer eurosoviéticos- se trepan al carro del indigenismo que, por lo demás, es instrumentalizado ya hace 200 años por los bisnietos de los encomenderos para legitimar la Independencia. Generan, de Chiapas a la Araucanía, insurgencias racistas. Olvidan que eso precipita la balcanización. Por otro lado, encubre una impostura porque el universo maya fue encontrado ya extinto por los exploradores peninsulares y los mapuches al urbanizarse se chilenizan siendo el éxodo rural inatajable. Los “zapatistas” actuales no son mayas, sino chiapatecos y  sociológicamente campesinos pauperizados. Nuestros araucanos también aspiran a suelo y dignidad ¿no es esa la bandera de Zapata, Villa, Carranza y los Flores Magón? Sin embargo,  juzgarlos “naciones” en cuyos vientres hay  etnias puras constituye una “maña, artimaña o patraña”. La animan los secuaces de aquel exseminarista georgiano, luego “señor de horca y cuchillo” de la URSS, experto en nacionalidades que entendía esa materia como traumática rusificación. Si ayer José Carlos Mariátegui exhorta a “¡Peruanizar el Perú!” hoy, por ejemplo, a Evo corresponde “¡Bolivianizar a Bolivia!”. Ello supone acentuar lo mestizo, es decir, “cholificar” a diestra y a siniestra y no caer en trampas como “respeto a lo diverso”, “multietnicidad” y “plurilingüismo”. Estos brulotes pseudoantropológicos encubren el frenesí indigenista que hiperfragmenta y, con ello, favorece a los imperios.      

jueves, 17 de abril de 2014

GABRIEL GARCIA MARQUEZ: HOMENAJE

Pasa a la inmortalidad el ilustre suramericano que recepciona el Nobel de Literatura   en 1982. No
siempre concordamos con sus posturas políticas ni menos con sus silencios ante situaciones      que
exigían su opinión. No obstante, es un grande de las letras y hoy     inclinamos   nuestra      bandera
                             ante su féretro manifestando ¡ Honor a tu memoria!

Gabriel García Márquez: Discurso por el recibimiento del Premio Nobel

GARCIA MARQUEZ: ALOCUCION POR NOBEL (*)

  •  Antonio Pigafetta, un navegante florentino que acompañó a Magallanes en el primer viaje alrededor del mundo, escribió a su paso por nuestra América meridional una crónica rigurosa que sin embargo parece una aventura de la imaginación. Contó que había visto cerdos con el ombligo en el lomo, y unos pájaros sin patas cuyas hembras empollaban en las espaldas del macho, y otros como alcatraces sin lengua cuyos picos parecían una cuchara. Contó que había visto un engendro animal con cabeza y orejas de mula, cuerpo de camello, patas de ciervo y relincho de caballo. Contó que al primer nativo que encontraron en la Patagonia le pusieron enfrente un espejo, y que aquel gigante enardecido perdió el uso de la razón por el pavor de su propia imagen. Este libro breve y fascinante, en el cual ya se vislumbran los gérmenes de nuestras novelas de hoy, no es ni mucho menos el testimonio más asombroso de nuestra realidad de aquellos tiempos. Los Cronistas de Indias nos legaron otros incontables. Eldorado, nuestro país ilusorio tan codiciado, figuró en mapas numerosos durante largos años,cambiando de lugar y de forma según la fantasía de los cartógrafos. En busca de la fuente de la Eterna Juventud, el mítico Alvar Núñez Cabeza de Vaca exploró durante ocho años el norte de México, en una expedición venática cuyos miembros se comieron unos a otros y sólo llegaron cinco de los 600 que la emprendieron. Uno de los tantos misteriosque nunca fueron descifrados, es el de las once mil mulas cargadas con cien libras de oro cada una, que un día salieron del Cuzco para pagar el rescate de Atahualpa y nunca llegaron a su destino. Más tarde, durante la colonia, se vendían en Cartagena de Indias unas gallinas criadas en tierras de aluvión, en cuyas mollejas se encontraban piedrecitasde oro. Este delirio áureo de nuestros fundadores nos persiguió hasta hace poco tiempo.Apenas en el siglo pasado la misión alemana de estudiar la construcción de un ferrocarril interoceánico en el istmo de Panamá, concluyó que el proyecto era viable con la condición de que los rieles no se hicieran de hierro, que era un metal escaso en la región, sino que se hicieran de oro.
  •  La independencia del dominio español no nos puso a salvode la demencia. El general Antonio López de Santana, que fue tres veces dictador de México, hizo enterrar conunerales magníficos la pierna derecha que había perdido en la llamada Guerra de los Pasteles. El general García Moreno gobernó al Ecuador durante 16 años como un monarca absoluto, y su cadáver fue velado con su uniforme de gala y su coraza de condecoraciones sentado en la silla presidencial. El general Maximiliano Hernández Martínez, el déspota teósofo de El Salvador que hizo exterminar en una matanza bárbara a 30 mil campesinos, había inventado un péndulo para averiguar si los alimentos estaban envenenados, e hizo cubrir con papel rojo el alumbrado público para combatir una epidemia de escarlatina. El monumento al general Francisco Morazán, erigido en la plaza mayor de Tegucigalpa, es en realidad una estatua del mariscal Ney comprada en París en un depósito de esculturas usadas.
  • Hace once años, uno de los poetas insignes de nuestro tiempo, el chileno Pablo Neruda, iluminó este ámbito con su palabra. En las buenas conciencias de Europa, y a veces también en las malas, han irrumpido desde entonces con más ímpetus que nunca las noticias fantasmales de la América Latina, esa patria inmensa de hombres alucinados y mujeres históricas, cuya terquedad sin fin se confunde con la leyenda. No hemos tenido un instante de sosiego. Un presidente prometeico atrincherado en su palacio en llamas murió peleando solo contra todo un ejército, y dos desastres aéreos sospechosos y nunca esclarecidos segaron la vida de otro de corazón generoso, y la de un militar demócrata que había restaurado la dignidad de su pueblo. En este lapso ha habido 5 guerras y 17 golpes de estado, y surgió un dictador luciferino que en el nombre de Dios lleva a cabo el primer etnocidio de América Latina en nuestro tiempo. Mientras tanto 20 millones de niños latinoamericanos morían antes de cumplir dos años, que son más de cuantos han nacido en Europa occidental desde 1970. Los desaparecidos por motivos de la represión son casi los 120 mil,que es como si hoy no se supiera dónde están todos los habitantes de la ciudad de Upsala. Numerosas mujeres arrestadas encintas dieron a luz en cárceles argentinas, pero aún se ignora el paradero y la identidad de sus hijos, que fueron dados en adopción clandestina o internados en orfanatos por las autoridades militares. Por no querer que las cosas siguieran así han muerto cerca de 200 mil mujeres y hombres en todo el continente, y más de 100 mil perecieron en tres pequeños y voluntariosos países de la América Central,Nicaragua, El Salvador y Guatemala. Si esto fuera en los Estados Unidos, la cifra proporcional sería de un millón 600 mil muertes violentas en cuatro años.
  • De Chile, país de tradiciones hospitalarias, ha huido un millón de personas: el 10 por ciento de su población. El Uruguay, una nación minúscula de dos y medio millones de habitantes que se consideraba como el país más civilizado del continente, ha perdido en el destierro a uno de cada cinco ciudadanos. La guerra civil en El Salvador ha causado desde 1979 casi un refugiado cada 20 minutos. El país que se pudiera hacer con todos los exiliados y emigrados forzosos de América latina, tendría una población más numerosa que Noruega. Me atrevo a pensar que es esta realidad descomunal, y no sólo su expresión literaria, la que este año ha merecido la atención de la Academia Sueca de la Letras. Una realidad que no es la del papel, sino que vive con nosotros y determina cada instante de nuestras incontables muertes cotidianas, y que sustenta un manantial de creación insaciable, pleno de desdicha y de belleza, del cual éste colombiano errante y nostálgico no es más que una cifra más señalada por la suerte. Poetas y mendigos, músicos y profetas, guerreros y malandrines, todas las criaturas de aquella realidad desaforada hemos tenido que pedirle muy poco a la imaginación, porque el desafío mayor para nosotros ha sido la insuficiencia de los recursos convencionales para hacer creíble nuestra vida. Este es, amigos, el nudo de nuestra soledad.
  • Pues si estas dificultades nos entorpecen a nosotros, que somos de su esencia, no es difícil entender que los talentos racionales de este lado del mundo, extasiados en la contemplación de sus propias culturas, se hayan quedado sin un método válido para interpretarnos. Es comprensible que insistan en medirnos con la misma vara con que se miden a sí mismos,sin recordar que los estragos de la vida no son iguales para todos, y que la búsqueda de la identidad propia es tan ardua y sangrienta para nosotros como lo fue para ellos. La interpretación de nuestra realidad con esquemas ajenos sólo contribuye a hacernos cada vez más desconocidos, cada vez menos libres, cada vez más solitarios. Tal vez la Europa venerable sería más comprensiva si tratara de vernos en su propio pasado. Si recordara que Londres necesitó 300 años para construir su primera muralla y otros 300 para tener un obispo, que Roma se debatió en las tinieblas de incertidumbre durante 20 siglos antes de que un rey etrusco la implantara en la historia, y que aún en el siglo XVI los pacíficos suizos de hoy, que nos deleitan con sus quesos mansos y sus relojes impávidos, ensangrentaron a Europa con soldados de fortuna.Aún en el apogeo del Renacimiento, 12 mil lansquenetes a sueldo de los ejércitos imperiales saquearon y devastaron a Roma, y pasaron a cuchillo a ocho mil de sus habitantes.
  • No pretendo encarnar las ilusiones de Tonio Kröger, cuyos sueños de unión entre un norte casto y un sur apasionado exaltaba Thomas Mann hace 53 años en este lugar. Pero creo que los europeos de espíritu clarificador, los que luchan también aquí por una patria grande más humana y más justa, podrían ayudarnos mejor si revisaran a fondo su manera de vernos. La solidaridad con nuestros sueños no nos haría sentir menos solos, mientras no se concrete con actos de respaldo legítimo a los pueblos que asuman la ilusión de tener una vida propia en el reparto del mundo. América Latina no quiere ni tiene por qué ser un alfil sin albedrío, ni tiene nada de quimérico que sus designios de independencia y originalidad se conviertan en una aspiración occidental. No obstante, los progresos de la navegación que han reducido tantas distancias entre nuestras Américas y Europa, parecen haber aumentado en cambio nuestra distancia cultural. ¿Por qué la originalidad que se nos admite sin reservas en la literatura se nos niega con toda clase de suspicacias en nuestras tentativas tan difíciles de cambio social?¿Por qué pensar que la justicia social que los europeos de avanzada tratan de imponer en sus países no puede ser también un objetivo latinoamericano con métodos distintos en condiciones diferentes? No: la violencia y el dolor desmesurados de nuestra historia son el resultado de injusticias seculares y amarguras sin cuento, y no una confabulación urdida a 3 mil leguas de nuestra casa. Pero muchos dirigentes y pensadores europeos lo han creído, con el infantilismo de los abuelos que olvidaron las locuras fructíferas de su juventud, como si no fuera posible otro destino que vivir a merced de los dos grandes dueños del mundo. Este es, amigos, el tamaño de nuestra soledad.
  • Sin embargo, frente a la opresión, el saqueo y el abandono, nuestra respuesta es la vida. Ni los diluvios ni las pestes, ni las hambrunas ni los cataclismos, ni siquiera las guerras eternas a través de los siglos y los siglos han conseguido reducir la ventaja tenaz de la vida sobre la muerte. Una ventaja que aumenta y se acelera: cada año hay 74 millones más de nacimientos que de defunciones, una cantidad de vivos nuevos como para aumentar siete veces cada año la población de Nueva York. La mayoría de ellos nacen en los países con menos recursos, y entre éstos, por supuesto, los de América Latina. En cambio, los países más prósperos han logrado acumular suficiente poder de destrucción como para aniquilar cien veces no sólo a todos los seres humanos que han existido hasta hoy, sino la totalidad de los seres vivos que han pasado por este planeta de infortunios. Un día como el de hoy, mi maestro William Faulkner dijo en este lugar: "Me niego a admitir el fin del hombre". No me sentiría digno de ocupar este sitio que fue suyo si no tuviera la conciencia plena de que por primera vez desde los orígenes de la humanidad, el desastre colosal que él se negaba a admitir hace 32 años es ahora nada más que una simple posibilidad científica. Ante esta realidad sobrecogedora que a través de todo el tiempo humano debió de parecer una utopía, los inventores de fábulas que todo lo creemos, nos sentimos con el derecho de creer que todavía no es demasiado tarde para emprender la creación de la utopía contraria. Una nueva y arrasadora utopía de la vida, donde nadie pueda decidir por otros hasta la forma de morir, donde de veras sea cierto el amor y sea posible la felicidad, y donde las estirpes condenadas a cien años de soledad tengan por fin y para siempre una segunda oportunidad sobre la tierra.
  •  Agradezco a la Academia de Letras de Suecia el que me haya distinguido con un premio que me coloca junto a muchos de quienes orientaron y enriquecieron mis años de lector y de cotidiano celebrante de ese delirio sin apelación que es el oficio de escribir. Sus nombres y sus obras se me presentan hoy como sombras tutelares, pero también como el compromiso, a menudo agobiante, que se adquiere con este honor. Un duro honor que en ellos me pareció de simple justicia, pero que en mí entiendo como una más de esas lecciones con las que suele sorprendernos el destino, y que hacen más evidente nuestra condición de juguetes de un azar indescifrable, cuya única y desoladora recompensa, suelen ser, la mayoría de las veces, la incomprensión y el olvido. Es por ello apenas natural que me interrogara, allá en ese trasfondo secreto en donde solemos trasegar con las verdades más esenciales que conforman nuestra identidad, cuál ha sido el sustento constante de mi obra, qué pudo haber llamado la atención de una manera tan comprometedora a este tribunal de árbitros tan severos. Confieso sin falsas modestias que no me ha sido fácil encontrar la razón, pero quiero creer que ha sido la misma que yo hubiera deseado. Quiero creer, amigos, que este es, una vez más, un homenaje que se rinde a la poesía. A la poesía por cuya virtud el inventario abrumador de las naves que numeró en su Iliada el viejo Homero está visitado por un viento que las empuja a navegar con su presteza intemporal y alucinada. La poesía que sostiene, en el delgado andamiaje de los tercetos del Dante, toda la fábrica densa y colosal de la Edad Media. La poesía que con tan milagrosa totalidad rescata a nuestra América en las Alturas de Machu Picchu de Pablo Neruda el grande, el más grande, y donde destilan su tristeza milenaria nuestros mejores sueños sin salida. La poesía, en fin, esa energía secreta de la vida cotidiana, que cuece los garbanzos en la cocina, y contagia el amor y repite las imágenes en los espejos.
  • 10. En cada línea que escribo trato siempre, con mayor o menor fortuna, de invocar los espíritus esquivos de la poesía, y trato de dejar en cada palabra el testimonio de mi devoción por sus virtudes de adivinación, y por su permanente victoria contra los sordos poderes dela muerte. El premio que acabo de recibir lo entiendo, con toda humildad, como la consoladora revelación de que mi intento no ha sido en vano. Es por eso que invito a todos ustedes a brindar por lo que un gran poeta de nuestras Américas, Luis Cardoza y Aragón, ha definido como la única prueba concreta de la existencia del hombre: la poesía. Muchas gracias.
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  • (*) 1982, Estocolmo. Discurso ante Academia Sueca de Letras.

CARCEL Y EDUCACION

Al colapso de la estructura escolar, de la salud pública y del Transantiago  se añade el que aflige al inframundo carcelario. Se imponen quienes ablandan la administración de justicia -el síndrome de la puerta giratoria-, los que suprimen la pena capital y quienes -por una piedad mal concebida- insisten en la "rehabilitación" como antagónica a la "sanción". Cada reo implica al Fisco mínimo -mes a mes- $300 mil más atención médica y psicológica. Un privilegio infame para una ciudadanía acosada por el desempleo y cuyos impuestos sostienen esa población penal. Se ensayan  fórmulas para el rescate de ese lastre: teatro, yoga o baile. Se publicitan como opciones "rehabilitatorias". Otros insisten en incrementar la "educación" como vacuna inmunizadora y fármaco curativo.

Están en el error. Aquellos porque un hobbie no facilita la "reinserción" y éstos porque -fieles a una  doctrina castrada de ciencia e imaginación- identifican lo educativo sólo con aula y docente que diserta mientras los alumnos "están en otra". La recompensa estén o no preparados: diplomas de "8º básico" o de "4º medio". Ignoran que el trabajo es eficaz instrumento educativo utilísimo para enmendar conductas desviadas. Se efectúa en terreno y no entre cuatro murallas. La única reforma penitenciaria válida es la implantación del trabajo obligatorio. El malhechor así amortiza su deuda y se educa para reincorporarse a la vida normal. Lo otro es tolerar el ocio que incrementa el vicio mientras se perfeccionan estrategias delictivas y profundiza el resentimiento. 


miércoles, 16 de abril de 2014

ANALISIS PEDAGOGICO: ERRORES

El debate pedagógico conlleva un error: identifica “educación” con “escuela”. Se alude a la educación e ipso facto es asociada con la pizarra y los bancos junto con un docente que “habla” y -a veces- “grita”. Es como hacer sinónimo “religión” e “Iglesia”. Lo educativo es  fenómeno amplio que cubre de la cuna a la tumba. La escolaridad es apenas un lapso de esa potente irradiación que equipa al individuo de destrezas y nutre de valores. Sin embargo, para no caer en la trampa de la “beatería pedagogizante” esclarezcamos que también lo capacita en contraconductas y difunde disvalores. En esta esfera figura la TV.


El otro error  es  asignar a lo escolar un influjo sobredimensionado. Lo analizo en mi “Libro negro de nuestra educación”. El educador sería un alquimista que, con la piedra filosofal, dispone de la facultad de mutar el plomo en oro. Se le juzga orfebre y alfarero. Pule el diamante en bruto y transforma el lodo en cántaro. Nada más ilusorio. Su influjo es reducido por tres factores. Uno, la familia esquiva su rol docente. Otro, sobre el alumno gravitan factores educativos ajenos –y a veces antagónicos- al aula. Tercero,  el mercado y la Reforma lo convierten al educador de oficio en monigote al mutilar sus prerrogativas disciplinarias.