sábado, 20 de diciembre de 2014

¿SERA CIERTO?


jueves, 18 de diciembre de 2014

BLA BLA MAGISTERIAL

"Los exámenes hay que abolirlos porque trauman”. “Los uniformes son camisas de fuerza. Libertad en la indumentaria”. "La motivación es la matriz del aprendizaje". "Todo alumno puede aprender. La clave es la estrategia usada por quien enseña"."Memorizar es retro". "La escala de notas fluye del rendimiento del curso". "El punto base está en el reglamento". "Autodisciplina es democracia. Disciplina, fascismo”. "Los ritmos de aprendizaje son diversos en cada estudiante”. "La comunidad escolar la integran, paritariamente, educadores y apoderados". "Hay que mediar en vez de sancionar”. "El docente es sólo un facilitador". "Tatuajes, aros, moños, pucho... son expresiones de la identidad juvenil y, como tal, tolerables". "La clase debe ser entretenida". "Muchos rojos: falla del educador". "El conductismo pasó de moda, hoy se impone el constructivismo". Estas consignas, como fondo, tienen un coro: “Aprender a aprender”. 

Los estribillos anotados sirven de escudo a los progenitores para enjuiciar la labor del plantel y, en no pocas ocasiones, humillar al profesor. En su origen los difunden quienes son ajenos a la profesión docente, en particular psicólogas norteamericanizadas, remotas discipulas del Dr. Spock. Son reverenciadas por docentes -enfermos de complejo de inferioridad- los cuales les asignan un prestigio que no ameritan. Otros pontifices son colegas distanciados del aula que -a veces con el respaldo de un partido político- se atrincheran tras los escritorios de una oficina de la cartera del rubro. Los slogans enumerado permiten exhibir cáscara de "modernos" y lapidar a quienes se oponen como "megaterios". Desde mis estudios, experiencias y sentido común tales frases clichés son rieles que precipitan el sistema a la catástrofe y  sogas que ahorcan a los mismos educadores.

martes, 16 de diciembre de 2014

ISRAEL Y PATAGONIA


EJERCITO ISRAELÍ  Y  TORRES DEL PAINE

Ya no les basta con patrullar toda la Patagonia.
Ya no les basta con levantar sistematicamente cartografía de todos los territorios patagónicos.
Ya no les basta con establecer series de pequeñas (y no tan pequeñas) bases por toda la Patagonia chilena y argentina.
Ya no les basta con comprar cada vez más estancias patagónicas.
Incendian miles de hectáreas en el Parque Nacional Torres del Paine. No van a la cárcel por ello, no indemnizan el crimen.
¡Y ahora aprovechan de aquel incendio intencional para tomar el control de las Torres del Paine!


jueves, 11 de diciembre de 2014

LA PATRIA ES EL IDIOMA (')

Nací en Asturias, por la gracia de Dios. Mi lengua materna es el asturiano (o, como lo denominan los listos y los finos, el “bable”). En mi aldea, los únicos que hablaban español cuando yo era pequeño, allá por los años 70 del siglo pasado, eran el cura y el maestro. Los del pueblo “hablábamos mal” o “no sabíamos hablar” o, simplemente, éramos aldeanos y hablábamos como tales. Los asturianos nos avergonzábamos de nuestra propia lengua y algunos todavía se avergonzarán hoy. Allá ellos. Yo me siento tremendamente orgulloso de ser asturiano y de hablar asturiano siempre que tengo ocasión; o sea, cuando estoy con asturianos y sé que me van a entender. No se me ocurre hablar asturiano con murcianos o con castellanos, porque sería una ridícula falta de educación y de sentido común.

       Eso es lo que falta en esto de las lenguas: sentido común. Porque el sentido común se pierde cuando las ideologías se entrometen y empiezan a utilizar las cuestiones lingüísticas como arma política para dividir a las personas y establecer “hechos diferenciales” que consisten, básicamente, en exaltar las bondades de tu historia, tu cultura y tu lengua para despreciar al vecino y ahondar en lo que nos separa. “Nosotros bebemos sidra y jugamos a los bolos. En cambio, a los vecinos (esos bárbaros) les gusta el vino y juegan a la petanca…¡Qué distintos somos! ¡Dios nos libre de Castilla!”. Así razonan los fanáticos "nacionalistas", sean asturianos, vascos, catalanes o uzbecos. Separar, dividir, insultar, manipular la historia… Como si amar tu tierra y tu lengua fuera incompatible con el amor al resto de las lenguas y culturas de España. Yo amo a Asturias y al asturiano, porque esa es mi tierra y esa es la lengua que aprendí a hablar en mi casa. Pero amo con la misma pasión a España y al español. Amo la Hispanidad , amo las Españas y amo la lengua de Cervantes. Mi forma de ser español es siendo asturiano.

      Porque ser español es mucho más que tener un pasaporte. España es mucho más que sus territorios peninsulares, insulares y norteafricanos; mucho más que sus cuarenta y siete millones de habitantes.

      España  es el Cantar de Mio Cid. Ser español es recordar a doña Jimena en el Monasterio de San Pedro de Cardeña, defender el honor de doña Elvira y doña Sol contra los traidores y cobardes Infantes de Carrión y combatir junto a Minaya Alvar Fáñez y Martín Antolínez, el burgalés de pro.

      España  es Gonzalo de Berceo y sus Milagros de Nuestra Señora y"el monasterio de San Millán de la Cogolla y el de Santo Domingo de Silos; Ser español es cortejar con el Marqués de Santillana a aquella “moza tan fermosa” que era “la vaquera de la Finojosa ”. O ir en busca de amores con el Arcipreste de Hita y la vieja Trotaconventos.

      Ser español es mirarle a la cara sin miedo a la Muerte , como Jorge Manrique, con el aplomo y la resignación cristiana del Maestre don Rodrigo, “porque querer hombre vivir, cuando Dios quiere que muera, es locura”. Pero ser español también es compartir y disfrutar de un vaso de buen vino con la vieja Celestina y sus pupilas en una tasca de mala reputación.

       España son las Églogas de Garcilaso de la Vega y su Soneto XXIII, el Cántico Espiritual de Juan de la Cruz y las andanzas y miserias de Lázaro de Tormes. España es la Oda a la vida retirada de fray Luís de León, los Ejercicios Espirituales de Ignacio de Loyola  y la vida del Buscón de Quevedo. España son las soledades de Góngora y es cabalgar con don Quijote y Sancho Panza para desfacer entuertos y combatir malandrines y encantadores. Español es Peribañez y Fuenteovejuna y Olmedo (“que de noche lo mataron al caballero, la gala de Medina, la flor de Olmedo”). España es Segismundo (“¡Ay mísero de mí, ay infelice!”) y el burlador de Sevilla y el Estudiante de Salamanca y el don Juan de Zorrilla.

       España es Cadalso, Feijoo y Jovellanos. España son las rimas de Bécquer y las orillas del Sar de Rosalía y el don Juan Tenorio de Zorrilla. España es un canto a la libertad como la canción del pirata de Espronceda y es el dolor de Larra. España es la Benina de Galdós y la Ana Ozores de Clarín y la Pepita Jiménez de Valera.

       España es la agonía de Unamuno, la elegancia refinada de la princesa triste de la Sonatina de Rubén Darío y el sufrimiento y el espanto de Lo Fatal. España es el esperpento de Max Estrella y Valle-Inclán y son los Campos de Castilla de Antonio Machado. España es Andrés Hurtado y Zalacaín el Aventurero. España es la San Sebastián de Edad Prohibida de Torcuato Luca de Tena y la Asturias de Armando Palacio Valdés y su Aldea Perdida. España es el Macondo de los Cien años de soledad de García Márquez y es La ciudad y los perros de Mario Vargas Llosa. España es también el México de Carlos Fuertes y la Cuba de José Martí y es el Chile de Pablo Neruda y la Nicaragua de Rubén Darío. España es la Pampa del gaucho Martín Fierro y es el Inca Garcilaso de la Vega y es un poema de amor de sor Juan Inés de la Cruz y es el Facundo de Domingo Sarmiento. España es la Comala de Pedro Páramo y es el nuevo mundo de Bernal Díaz del Castillo. España es un cuento de Borges o un relato de Cortázar.

     España  es un retrato de Velázquez, una pesadilla de Goya en su Quinta del Sordo y un arlequín de Picasso; España es una mujer asomada a una ventana contemplada por Dalí y un mural colorista de Miró. España es Gaudí y Tapies y Antonio López; es churrigueresco y herreriano, románico y gótico. España es el Museo del Prado y la Catedral de Burgos y la de Zamora y la de León y la de Oviedo y la de Palma de Mallorca y la de Palencia y la de Córdoba y la de Murcia y la Alhambra de Granada…

     España  tiene ritmo de pasodoble y de ranchera, de merengue y salsa, de muñeira, jota y sevillana. España es una sardana y una danza vasca. España suena a gaita y a guitarra flamenca y a mariachi mexicano y a música andina. España es Albéniz y Falla.

      España  es La Colmena de Cela y Cinco noches con Mario de Miguel Delibes; es Lauro Olmo y la historia de una escalera de Buero Vallejo. España es la poesía de Miguel Hernández y Celaya. España es Lorca, Aleixandre y Dámaso Alonso. España es la Razón de amor de Salina y el Ciprés de Silos de Gerardo Diego y la Meseta de Guillén.

     España  es la Plaza Mayor y la Universidad de Salamanca y la Plaza del Obradoiro y el Pórtico de la Gloria de Santiago de Compostela y la Sagrada Familia de Barcelona. España es Segovia y su Acueducto Romano y Ávila y sus murallas. España es el Monasterio del Escorial y la imaginería de Salzillo y de Gregorio Fernández y de Alonso Cano. España es Chillida y Gargallo, la luz de Sorolla y un paisaje de Zuloaga.

     Español de España, español de América, español universal. España es su historia, su lengua, su literatura, su arte, sus acentos variados, su mestizaje y su fe. Ser español es un modo de crecer, una manera de entender el mundo, una forma de rezar, de disfrutar, de sufrir y hasta de morir. Por eso los que odian a España lo primero que hacen es prohibir el castellano en las escuelas como se intenta en Cataluña y Vasconia.

===
(*) .Pedro Luis Llera
Experto en Dirección y Gestión de Centros Educativos Privados no Universitarios 
http://www.belt.es/articulos/HOME2_articulo.asp?id=11278 
pedroluisllera@gmail.com                                

martes, 9 de diciembre de 2014

AULA Y VALORES


Nuestra cartera de Educación es aficionada a presentar lo añejo como nuevo y lo permanente como obsoleto. Ahora surge como inédita la educación valórica. Habrá quienes –y con razón- estiman que son contenidos transversales. No faltará el que juzgue indispensable encapsularla en una asignatura, es decir, en un “ramo”. Habrá que manifestar que ningún tipo de educación jamás ha dejado de comunicar valores. También disvalores. El individuo no los trae en los genes, sino los asimila del ambiente o los internaliza en el aula. 

Rol trascendente en la trasferencia de valores corresponde al hogar, la parroquia, la escuela y –hasta ayer- al cuartel en virtud del Servicio Militar Obligatorio. Los hay de diversa índole. Los que inquietan son los morales. En esta esfera el aula se enfrenta a un adversario: el relativismo ético. Galopa con gasolina europea y yanqui, trae el prestigio venenoso de lo forastero y encuentra acogida en medios de comunicación. La familia, el púlpito, el pupitre están desconcertados y la milicia, como ámbito docente, se empequeñece.


Todo  se enseña –“nadie nace sabiendo”- y, por ende, todo se aprende. Incluso hablar castellano y andar erecto son comportamientos aprendidos. Complementariamente, se colige que son conductas enseñadas. Lo mismo ocurre con los valores. El progenitor exigiendo al retoño “la verdad, aunque duela”, el sacerdote exhortando a amar al prójimo, el educador obligando a un alumno a dar disculpas a un condiscípulo por agravio, el teniente empujando a un recluta a superar el temor ante un barranco... Unos y otros transfieren valores. Respectivamente, el valor honradez, bondad, caballerosidad, coraje. 

Sin embargo, ¿qué ocurre en el momento que el sistema valórico se tambalea por la irrupción de otros valores que juzgamos disvalores o, francamente, contravalores? El condimento del guiso –dañino para unos y modernizador para otros- como ya se advirtiera es el relativismo ético. Aparece eso de "nada es verdad o mentira, todo es según el cristal con que se mira”.  Entonces sobreviene la perplejidad. Habrá quienes sostenemos que, desde fuera, se vulnera el ethos colectivo y se procura deshidratar la identidad nacional.
  
El Poder Ejecutivo aludía –no ha mucho- a su “agenda valórica”. Incluía –entre otras propuestas-  divorcio vincular,  aborto terapéutico, supresión de la censura, permisividad ante las “drogas blandas”, matrimonio homosexual, fin de la censura... Tal agenda, indudablemente  origina un debate en la comunidad escolar. La educación valórica si no naufraga al menos queda al garete. Se impone como agencia educativa la TV en consonancia con esos enfoques etiquetados “progres" a los cuales se añade un torrente de farándula, frivolidad, silicona, exitismo y apetito de figuración, de dinero y de deleite. 

Se enfatizan las prerrogativas del individuo expresados en Derechos Humanos, en Derechos del Niño, en Derechos Reproductivos de la Mujer... Sin embargo, no se divisan por ningún sitio los Deberes. En cada uno se alberga un valor que enaltece a la persona y fomenta la armonía del grupo. Ello es palpable en los 10 mandamientos. Ese texto es un código valórico milenario, cuya vigencia pareciera perdurable ¿Lo consideran quienes en el Ministerio de Educación acaban de inventar el hilo negro y descubrir el agua tibia parloteando sobre la “educación valórica”?    


sábado, 6 de diciembre de 2014

LA CHNA: ANVERSO Y REVERSO

Apenas una vez en el año la expresión “china” posee una connotación benigna. Es en víspera de Fiestas Patrias. Entonces la maestra básica afanando por dar realce al festejo encarga a los alumnos tenida de huaso y a las niñas un vestido floreado de “china”. En la liturgia escolar figura como “número” obligado unas cuecas. Allí aparece la  expresión que designa a la pareja del huaso. Lindo espectáculo aquel visto o vivido por todos, pero sin continuidad en la enseñanza media.

No obstante, hay un uso cotidiano del término. Esta impregnado de contenido peyorativo. “China” es la mujer de calaña plebeya. Todo el desprecio de casta se hace presente cuando la patrona denosta a la "nana" -palabra quechua- manifestando. “¿Qué se habrá imaginado esta china indecente?¨ La presunta chei –es decir, “la otra”- del marido “chinero”, esa maldita “sucu” derivación de sucursal- es para la esposa legal “esa china infeliz” . “Chinear” es el picafloreo varonil.

La expresión “china” es de uso campesino sin nexo alguno a la patria de Mao. Alude a la mujer del huaso. Su origen es quechua. Correspondió a nombre de las “vírgenes del Sol”, vestales recluidas en los templos incaicos. Obvio, fueron botín del conquistador. El nombre pasa después a denominar a las mancebas aborígenes que atienden al encomendero. De allí su uso adquiere un significado cariñoso o despectivo. Así de mestizas son nuestras raíces.